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Sr. izquierda y sr. derecha


Yo era el dueño de un bar llamado Jackie. Jackie era una chica con la que salí en Estados Unidos, y en su honor le puse su nombre al bar. Trabajaba con mi primo, al que contrate en el bar por motivos familiares, el se ocupaba de atender a las mesas y yo solía quedarme a atender en la barra. Era lunes y le di el día libre a mí primo, por lo cual me quede yo solo atendiendo, no me preocupaba, ya que los lunes solía haber pocos clientes y ese lunes en concreto no había entrado nadie aun. Cuando estaba ya convencido de que esa mañana no iba a entrar nadie, un hombre llego y se sentó en la barra. Este, estaba muy nervioso y exaltado. Tenía un aspecto bastante corriente para lo raro que era. Le pregunte que si quería algo y me pidió un café. Pensé que con los nervios que traía un café había sido mala elección, pero yo simplemente me limite a obedecerle. Cuando le serví el café pude comprobar que no paraba de volver la cabeza para mirar la puerta. Asique le pregunte que si le preocupaba algo. Este me miro y me dijo que atendiera a todo lo que me iba a decir, entonces yo le dije que no quería líos y que no me metiera en asuntos ajenos, ignoro mi respuesta y me dijo que le escuchara atentamente. No tuve más remedio que hacerlo puesto que ese hombre comenzaba a darme miedo y quería que se marchase cuanto antes. Me dijo que esa tarde iban a venir a mi bar dos hombres y que se sentarían en un rincón uno en frente del otro. Cuando quise interrumpirle siguió comentando sin darme la oportunidad de hablar, diciéndome que esos hombres serian fácilmente reconocibles y que no iban a pedir nada para comer ni para beber, asique no les debía molestar. Acto seguido se saco del bolsillo de la chaqueta un billete y trozo de papel pequeño doblado y me lo dio. “Abre este papel solo cuando ellos lleguen y se hayan sentado, sigue sus instrucciones al pie de la letra y no hagas tonterías.” añadió el hombre, y después dejo el billete, encima de la barra y se marcho sin darle ni un sorbo a su café. Me quede perplejo ante tal situación, pero no le di mucha importancia, pensé que solo sería un pirado con ganas de llamar la atención, aunque había pagado el café sustancialmente.
No le di muchas vueltas a lo que aquel pirado me dijo y por la tarde abrí el bar bastante temprano ya que los clientes suelen venir pronto. Aun así nadie vino hasta bien entrada la tarde en la que solo tuve un par de clientes a los que además conocía bastante bien. Era ya casi de noche y me encontraba solo en el bar. Mis dos únicos clientes, se habían marchado hace poco y yo estaba detrás de la barra leyendo una revista de deportes cuando un hombre entro en el bar y sin dirigirme la mirada y mucho menos la palabra se sentó en un rincón en el lado izquierdo de la mesa en la que se puso. Era un hombre de pinta extraña, iba vestido con un traje azul marino, con una corbata roja y llevaba puesto un sombrero negro que no se quito en ningún momento. Me dirigí a atenderle y cuando le pregunte que quería me dijo que nada, que estaba esperando a alguien. De modo que me di media vuelta y regrese detrás de la barra con mi revista. Normalmente me molesta que la gente ocupe un sitio sin pedir nada, pero como ese día no había nadie, y había sitio de sobra por si otra persona quería sentarse, no me importo. Pasaron unos diez minutos en los que me empezaba a incomodar la presencia de ese hombre allí solo, no estaba seguro de si entablar una conversación con él, fue entonces cuando otro hombre entro en el bar, este tenía una pinta aun más rara que el sujeto anterior, tenía puestas unas gafas de sol y eso que era casi de noche. Vestía con una chaqueta de cuero rasgada que tenia numerosos parches de símbolos extraños de los cuales ninguno de ellos llegue a identificar y llevaba puestos unos pantalones grises con formas poligonales bordadas.
Este hombre se sentó al lado derecho de la mesa en la que estaba el otro hombre, de modo que quedaron uno enfrente del otro, y al igual que su compañero hizo con el sombrero, el tampoco se quito las gafas de sol. Me levanté para tomarle nota por si quería algo, pero con un gesto casi despectivo me freno. Entonces fue cuando me acorde del pirado que vino por la mañana, recordé sus palabras y comencé a buscar el trozo de papel que me dio, no recordaba donde lo había puesto. Los dos hombres comenzaron a hablar muy bajo, tan bajo que casi no les podía oír aunque a veces podía escuchar alguna palabra suelta que parecía no estar en mi idioma. Logre encontrar el trozo de papel que lo había guardado en uno de mis bolsillos traseros y no muy convencido empecé a abrirlo mientras me camuflaba detrás de la barra. Muy nervioso comencé a leer lo que ponía: “Si Vd. quiere seguir viviendo, debe de obedecer todas y cada una de las instrucciones que aquí aparecen:
1-Debe de esperar a que uno de los dos señores se levante.
2-Si el hombre que se levanta es el señor de la derecha Vd. deberá huir lo más rápido posible y ponerse a salvo en un lugar seguro.
3-Si el hombre que se levanta es el señor de la izquierda, Vd. deberá esperar a que salga del establecimiento. Una vez que el señor de la izquierda haya salido, diríjase hacia el señor de la derecha y dígale cualquier cosa, si no le responde, Vd. estará a salvo, pero en el caso de que el señor de la derecha le conteste, ¡¡CORRA!!”
Al terminar de leer esto, sentí un miedo atroz. Los dos hombres seguían hablando en voz baja como si nada, a cada minuto que pasaba aumentaba mi miedo, asique intente refugiarme en la lógica para ver si se desvanecía el pánico que me había abordado en ese momento. Comencé a pensar que todo se podía tratar de una estafa y que los tres hombres, -El pirado de esta mañana y los dos sentados- podrían estar aliados y querían hacerme huir para poder robarme. Entonces mientras yo me comía la cabeza intentando buscar una explicación, pude ver como el hombre sentado a la izquierda se guardaba algo en el bolsillo, y acto seguido se levantaba y se dirigía a la puerta, una vez mas cogí el papel y leí lo que debía hacer ahora. Las manos me temblaban y no podía ver con claridad, aun así conseguí leer la tercera parte de las instrucciones, por lo tanto me levanté y me dirigí al hombre sentado a la derecha y le dije que era la hora de cerrar y se tenía que marchar. No obtuve ninguna respuesta, lo que según ponía en el papel era algo bueno, supuestamente según las instrucciones ya estaba a salvo. Pero, ¿que debía hacer ahora? En las instrucciones no ponía nada mas, asique me arme de valor y volví a decirle al hombre que era la hora de cerrar, pero seguía sin obtener ninguna respuesta, me arme de valor otra vez y le di una palmadita en el hombro, entonces, el hombre se cayó al suelo bruscamente. Me quede petrificado cuando observe que en su abdomen había varios agujeros de bala, pero eso no fue lo peor de todo, al caerse al suelo, las gafas que llevaba se le desprendieron dejando al descubierto su cara, en la que donde debería de haber ojos había unas cuencas vacías rellenas de la oscuridad más siniestra que yo jamás antes había visto y de esa oscuridad rezumaba un liquido negro viscoso.



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