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CrÓnica de un asesinato


I

--- Creo que sentí miedo, tan simple como eso, Donovann hablaba en tono calmo y pausado sin levantar la voz.

El agente Martínez le miraba extrañado, era evidente que aquel hombre no era un asesino a sangre fría. Ahora que todo había pasado ya solo quedaba el hombre; apagado, su rostro no albergaba ninguna expresión. Embrutecido, tan solo aguantaba, aceptaba su culpa sin más, soportaba su carga como una bestia que sabe que no tiene otro destino que el que le tocó en suerte.

La atmósfera cargada de humo se hacía casi irrespirable pero no importaba, cuando un cigarrillo se apagaba otro se encendía maquinalmente.

--- ¿Eso es todo? Preguntó el policía.
--- Sí, aunque supongo que espera usted una confesión pormenorizada, una crónica, pues bien la tendrá, tengo todo el tiempo del mundo se que no saldré de aquí.

Donovann encendió otro cigarrillo con sus manos temblorosas que apenas si podían sostener el cerillo, el policía se acomodó en su silla al otro lado de la mesa y esperó, al poco rato comenzó su relato:

--- Yo tenía una novia sabe, éramos más o menos felices, teníamos los mismos problemas que otras tantas parejas pero nos queríamos. Se llamaba Florencia, era tan hermosa, no se imagina usted cuanto. Yo la amaba con locura, la amo aún, pero siempre fui un poco infiel, para que negarlo, son de esas cosas que uno no puede evitar. Por más que trataba de evitarlo pues la amaba y tenía miedo de que si la engañaba y ella se enteraba me dejase, al final siempre terminaba haciéndolo y luego me sentía mal, realmente estaba arrepentido.

Cierta vez, no hace mucho tiempo, ya ni me acuerdo porque discutimos y yo me fui, salí a caminar, en el camino me encontré con un amigo, seguimos andando y llegamos a su casa y entonces la conocí, era tan hermosa, sus cabellos rubios y lustrosos caían sobre sus hombros, de inmediato sentí esa atracción casi irresistible. Nos hicimos muy amigos y a mi me gustaba mucho, realmente la deseaba pero era la mujer de un amigo.

Un día ella me dijo que yo también le gustaba. Me sorprendió; la adrenalina me fluía por las venas, comenzamos a hablar más frecuentemente y de a poco nos fuimos acercando cada vez más y una tarde quedamos en encontrarnos, estaba muy ansioso. Esa tarde luego de bañarme y afeitarme salí, pase por la farmacia a comprar preservativos y tomé el ómnibus, al llegar no pude evitar sentirme nervioso, tenía miedo de que alguien llegase, luego de charlar un rato comenzamos a besarnos, las ropas poco a poco fueron cayendo formando un sendero que comenzaba en la cocina y terminaba en su habitación, se veía tan hermosa, tan frágil desnuda sobre la cama, pero fue en ese momento que me di cuenta de que algo andaba mal, no era que no quisiese, pero no lograba... ¿Usted me entiende verdad?

El agente Martínez asintió en silencio.

--- Entonces comencé a besarla, ella me mordió en el cuello y eso me excitó, me excitó mucho, entonces comencé a dominar la situación aunque seguía nervioso, tenía miedo de que alguien llegara de golpe y nos encontrara así. Imagínese, sería terrible.

Sentí un ruido en la parte de delante de la casa, ahora que lo pienso bien creo que fue un perro. Sonrió.

Pero fue suficiente para asustarme, aunque comprenda usted que estando allí ya no podía echarme atrás, ella estaba allí mirándome con su pecho desnudo pegado al mío esperando. Sudaba copiosamente y en ese momento supe que no iba a poder y no pude. Sentí miedo, estaba receloso de cualquier ruido, sentía el pánico que siente un animal acosado. Finalmente me rendí, acostada a mi lado ella me miraba con sus grandes ojos grises, dijo que no me preocupara, sentí ganas de llorar, la vergüenza me turbaba.

Sonriéndome trataba de consolarme. Comencé a vestirme. No es para tanto me dijo, y se sonrió. Comencé a pensar que se estaba riendo de mi y enloquecí, la tomé del cuello y apreté, no podía evitarlo, no quería hacerlo pero no podía parar, si no lo hacía todos se iban a enterar de que no había podido con ella. Mi amigo conocería la verdad y seguramente tendría también alguna riña con él, que además no vacilaría en contarle a mi novia lo sucedido, era una situación desesperante.

Mientras cruzaban por mi mente todos esos pensamientos, mis dedos continuaban apretando su cuello salvajemente. Yo quería parar, pero no podía...

Dejó de respirar y solo en ese momento me di cuenta de lo que había hecho y me arrepentí pero ya era demasiado tarde.

Salí de allí y caminé sin rumbo desecho en lágrimas, la gente en la calle me miraba con la curiosidad habitual de quien ve a alguien llorando en la calle, pero no me importaba.

Se hizo de noche, no sabía a donde ir y tarde o temprano iban a saber que había sido yo entonces me di cuenta que era inútil seguir huyendo, mis pasos me trajeron hasta aquí. Y me entregué, eso es todo, como ya le dije simplemente sentí miedo.

II

Donovann fue condenado a varios años de cárcel, cumplió su condena solo, en silencio, sin relacionarse con nadie, dos días antes de quedar en libertad se suicidó cortándose las venas de ambas muñecas. Su cuerpo sin vida fue encontrado por la mañana varias horas después de su deceso.

Aunque todos afirman que estaba loco y eso fue lo que le motivó a quitarse la vida, en mi opinión fue la culpa y el cargo de conciencia lo que le impulsó a quitarse la vida.

Nadie asistió a su entierro el cual se llevó a cabo en el Cementerio del Norte, tampoco hubo nadie que reclamara sus pertenencias.

El homicidio por él cometido no puede catalogarse como crimen pasional, sino más bien puede decirse que fue un homicidio cometido en un rapto de locura

Durante su reclusión su comportamiento fue ejemplar, nunca ocasionó problemas ni participó en ningún tipo de disturbios.

Debo decir que en su comportamiento se notaba cierta manía con respecto a los libros, quizás encontró en la lectura una manera de evadirse de la realidad la cual evidentemente le perturbaba.

La autopsia reveló heridas y quemaduras de cigarrillos en todo su cuerpo inclusive en la zona genital, se concluyó que todas fueron auto infligidas. Los peritos psiquiátricos afirman que se las hizo a modo de castigo por el homicidio por él cometido en perjuicio de la señorita Mariana Olavarría fallecida el veintitrés de abril de 1990.

No se advirtieron señales de intención suicida en su comportamiento en los días anteriores al hecho, es probable que hubiera tomado la decisión mucho tiempo antes.

Entre sus pertenencias se encontraron varios manuscritos de su puño y letra en un idioma indescifrable, también se encontraron numerosos dibujos de un hombre de capa y encapuchado con la inscripción IQÚ.

Investigaciones posteriores lograron determinar que IQÚ es el nombre con que se conoce a la muerte en algunas religiones.

La noche de la muerte de Donovann el recluso Esteban López quien ocupa una celda situada frente por frente a la de Donovann afirma haber visto a un hombre alto de capa negra y encapuchado de pie junto a la cama de Donovann. Cabe destacar que este recluso no tenía conocimiento ni de los manuscritos ni de los dibujos.

Si quieres leer más: http://ruffusvondark.metroblog.com/


Autor: RUFFUS VON DARK
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